Reflexiones de comunicación a propósito del #Trumpasso

Sonia Aparicio @soniaparicio

A este lado del Atlántico hemos amanecido convulsionados ante la victoria de Donald Trump en las urnas. Mis amigos y conocidos estadounidenses -algunos han votado a Trump, y os aseguro que no son racistas, ni machistas, ni de extrema derecha- lo viven todo con mucha más naturalidad. Y los que apostaban por Hillary no menosprecian ni miran con superioridad a los otros por su elección. “¡Es la democracia, estúpido!”, imagino que es lo primero que le dijo Hillary a Bill al conocer los resultados definitivos.

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La web de Donald Trump, hoy, tras la victoria.

Esto no es un análisis político de lo ocurrido; simplemente unas reflexiones que debemos hacernos todos los que trabajamos en el mundo de la comunicación.

1. La importancia de la escucha

El poder de las redes sociales en la comunicación es algo que ya nadie pone en duda. Pero con frecuencia olvidamos que:

  • ni nuestro TL ni nuestro muro son representativos del sentir general: si seguimos a perfiles afines e ignoramos y bloqueamos a quienes no nos gustan, lo que tenemos es una visión afín a nuestra propia opinión.
  • las redes sociales, con su importancia, tampoco son representativas de la sociedad. Lo digital no es lo real. El gran reto de la comunicación es lograr que on y off converjan en una única dimensión.

La escucha, primer paso en cualquier estrategia de comunicación, pasa por un proceso de monitorización serio y riguroso, de ahí la importancia de que periodistas y comunicadores utilicemos las herramientas adecuadas y tejamos redes más allás de nuestras afinidades.

El periodista Antonio Delgado nos recordaba hoy en Twitter que “el análisis basado en big data en redes sociales sí funciona”: según publicaba la CNBC el 28 de octubre, un sistema de inteligencia artificial que predijo correctamente las tres últimas elecciones presidenciales de EEUU daba la victoria a Donald Trump en la carrera hacia la Casa Blanca (el sistema contemplaba, entre otras cosas, el engagement de vídeos en vivo en Twitter o Facebook, un 25% superior al logrado por Obama en la campaña de 2008).

2. No se trata de candidatos o programas. Son los votantes

“Lo primero que deben hacer los partidos es orientarse definitivamente a los votantes y no a los programas y a los candidatos”, afirma Inma Aguilar Nàcher en El voto ‘a la contra’ o la era de la postpolítica. Y es que en este siglo XXI, la audiencia (leáse usuarios, lectores, compradores, votantes) es el epicentro de todo el proceso de comunicación. Una audiencia imprevisible y caprichosa, con unos comportamientos desconcertantes (e invisibles) para políticos, periodistas, tertulianos, analistas, demoscópicos…

Extrapolado a este proceso electoral, “no ha sido el bloque de convencidos el que ha decidido la elección, sino unos cuantos indecisos, quizá cabreados, con ganas de pulsar el botón rojo de a ver qué pasa”, explica Jorge Dioni en Lo que tienes que explicarle a quienes no entienden cómo hemos llegado a esto.

Para construir el hilo narrativo de lo que eres, lo que vendes, lo que prometes, y que tu mensaje llegue y convenza, tienes que poner el primer foco en tu audiencia, no en ti (ni en tu producto). No es solo lo que tú quieres contar, es cómo y dónde contarlo para captar la atención de un público desbordado y bombardeado de información, de contenidos, de mensajes… Ojo: no se trata de contar lo que quiere la audiencia, se trata de contar lo que tú quieres contar de manera que interese lo suficiente para capar su atención.

¿Cómo lograrlo? Volvemos irremediablemente al punto 1: la importancia de la escucha.

3. La opinión pública no es la opinión publicada

Por tercera vez en pocos meses (recordemos los casos del Brexit o Colombia), se pone de manifiesto el divorcio entre los medios y el sentir en la calle. En EEUU y en Europa.

De las cerca de 50 cabeceras de periódicos nacionales que hay en EEUU, solo una apoyaba a Trump. Y a este lado del charco, parecía imposible que el candidato republicano llegara a la Casa Blanca. ¿Ha perdido la prensa su capacidad de influencia? ¿Se ha hecho en el Viejo Continente un análisis europeo para un proceso electoral, un electorado y una sociedad que se rigen con otros parámetros? The New York Times, en su editorial Donald Trump’s Revolt, afirma que “su victoria es un golpe humillante para los medios de comunicación, los encuestadores y los dirigientes demócratas dominados por Clinton”.

Según cuenta Inés Royo, investigadora de The Hispanic Council, en El Independiente, “el ámbito de la comunicación política y las teorías tampoco se escaparán del cuestionamiento general. Se debatirá sobre el poder de influencia de los medios de comunicación, de las encuestas como herramienta para adelantar acontecimientos en política y se reformularán muchas lecciones de estrategia electoral que ayer no se cumplieron”.

“The media didn’t want to believe Trump could win. So they looked the other way” (los medios no querían creer que Trump pudiera ganar. Así que miraron hacia otro lado), analiza hoy The Washington Post.

Volvemos, de nuevo, al punto 1: la importancia de la escucha.

4. La superioridad moral de las elites progresistas

Me sorprende la crítica que se hace al que vota diferente, obviando las reglas de juego de la democracia y el respeto y la tolerancia que merecen millones de personas que piensan y votan distinto. “La izquierda se siente moralmente superior y desprecia a los que deberían ser sus votantes. Resolver esa cuestión es el punto de partida”, concluye el artículo de Jorge Dioni Lo que tienes que explicarle a quienes no entienden cómo hemos llegado a esto.

La primera lección de tolerancia y respeto nos la ha dado Hillary Clinton en su comparecencia: “Donald Trump es nuestro presidente y le debemos una mente abierta y la oportunidad de liderar”. La segunda, el presidente saliente, Barack Obama: “No somos primero demócratas ni republicanos, sino estadounidenses y patriotas. Todos queremos lo mejor para este país”. Un discurso que habla de unidad, de inclusión y de respeto, más allá de lo votado.

Ese respeto y tolerancia a la opinión y al voto de los otros nos lleva, una vez más, a la importancia de la escucha.

5. La autocrítica del perdedor

¿Ha ganado Trump? ¿O ha perdido Clinton? ¿Acaso no ha sido la derrota de Clinton lo que le ha dado la victoria a Donald Trump?

“Los votantes han acudido a las urnas no con mentalidad de escoger al candidato favorito, sino de respaldar al que menos le disgustaba”, afirma Sara Morais en Las claves de una victoria insólita.

En el discurso favorable a Hillary Clinton ha brillado más el miedo a Trump y la caricatura del oponente que el valor añadido y diferencial de la propia candidata, que podía convertirse en la primera mujer al frente del país más poderoso del mundo. Se dice, incluso, que Clinton no ha ganado por ser mujer (hecho que no le garantizaba la victoria por sí mismo, ni es tampoco la explicación de su derrota). Es la rebelión de las masas, apunta Iñaki Gabilondo, “masas que llevan mucho tiempo advirtiendo su rechazo a las élites y su insensibilidad, y su desacuerdo con una globalización que no entienden del todo”. Un rechazo al establishment, a una manera de ser, de hacer, de gobernar (aunque resulte irónico que la rebelión contra las élites la protagonice un multimillonario).

Volvemos, una vez más y para cerrar este post, a la importancia de la escucha: ¡es la audiencia, estúpido!

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